De la Ansiedad a la Presencia: Cómo Evoluciona la Preparación para las Sesiones de Psicoterapia

Muchas personas que inician su camino como psicoterapeutas experimentan una intensa ansiedad al preparar sus sesiones. Esa necesidad imperiosa de anticipar cada posible escenario, de repasar exhaustivamente notas y planes de tratamiento, y de evitar a toda costa quedar “desprevenidos”, es una vivencia sumamente común en las primeras etapas del desarrollo profesional. Sin embargo, con el paso del tiempo y la experiencia, esa misma preparación tiene el potencial de transformarse en un ritual mucho más sereno, presente y, sobre todo, más útil tanto para el terapeuta como para la persona que acude a consulta.

Los Primeros Años: Cuando la Ansiedad Dirige la Preparación

En los comienzos de la práctica clínica, la preparación suele estar marcada por una gran inquietud interna. Es habitual llegar con mucha antelación al espacio de trabajo para releer obsesivamente planes de intervención, notas de sesiones previas y hasta materiales teóricos complejos “por si acaso”. A veces, incluso antes de que el paciente mencione un tema, el terapeuta novel ya está revisando manuales o cursos sobre posibles problemáticas futuras, intentando blindarse ante la incertidumbre.

Esta forma de preparar responde a un miedo totalmente comprensible: el temor a no saber qué responder, a no estar a la altura de las expectativas o a fallar en el acompañamiento. No obstante, esa anticipación excesiva suele generar una tensión rígida que se traslada inevitablemente al encuentro, restando espacio para la escucha genuina, la espontaneidad y la curiosidad real hacia lo que la persona traiga ese día.

El Cambio Fundamental: Aceptar lo Desconocido

El giro más significativo en la carrera del terapeuta llega cuando se comprende, a un nivel profundo, que no es posible saberlo todo de antemano. La psicoterapia no es un guion cerrado ni una obra de teatro ensayada; es un proceso vivo que se construye momento a momento. Aceptar que habrá temas nuevos, preguntas inesperadas o direcciones imprevistas libera al profesional de la inmensa presión de tener que controlarlo todo.

Esta aceptación no implica en absoluto falta de competencia, sino una confianza profesional madura: saber que se cuenta con los recursos internos suficientes para acompañar lo que surja y, si es necesario, tener la humildad de reconocer abiertamente: “no estoy familiarizado con esto en este momento, lo investigaré a fondo y volveremos sobre ello”. Esa honestidad y transparencia no solo alivia al terapeuta, sino que fortalece el vínculo terapéutico y reduce drásticamente la carga ansiosa.

Una Forma Efectiva y Serena de Preparar las Sesiones

Con la experiencia acumulada, la preparación se vuelve más sencilla, minimalista y centrada en la presencia. A continuación, se describe un enfoque práctico y sostenible que muchos terapeutas encuentran útil para organizar su práctica:

  • Durante la sesión anterior: Se toman notas breves y esenciales en tiempo real o justo al finalizar. Se registra el tema principal trabajado, alguna frase literal que capture la emoción de la persona y, si corresponde, indicadores objetivos (puntuaciones en escalas o cambios en la sintomatología). Estas notas no buscan ser una transcripción, sino recordar la esencia emocional del encuentro.
  • Inmediatamente después de la sesión: Sin dejar pasar pausas largas, se anotan uno o dos puntos sobre las intervenciones utilizadas y una posible dirección tentativa para la próxima cita (siempre manteniéndola abierta a cambios). Este hábito breve facilita enormemente la redacción posterior de informes clínicos y evita tener que hacer el esfuerzo de “recordar” días después qué se habló exactamente.
  • Entre sesiones: Solo se dedica tiempo adicional de estudio si algo específico quedó pendiente: consultar criterios diagnósticos puntuales, refrescar un enfoque teórico concreto o buscar supervisión clínica. Si no hay señalamientos urgentes, no es necesario rumiar constantemente sobre el caso; la preparación técnica ya está hecha.
  • Antes de la sesión: Se llega con tiempo suficiente, pero ahora ese tiempo se invierte en el autocuidado y la regulación propia: ordenar el espacio físico, hidratarse, respirar conscientemente y dejar atrás las preocupaciones personales del día. Unos minutos antes del encuentro, se revisan rápidamente las notas breves de la sesión anterior y se prepara el cuaderno con los datos administrativos necesarios. El resto del tiempo se dedica a ajustes logísticos: silenciar el teléfono, abrir las ventanas o acomodar el mobiliario.

Este enfoque minimalista suele requerir apenas unos minutos por persona atendida, pero permite entrar al encuentro con una calma y una presencia disponibilidad total.

Más Allá del “Gran Momento”: El Valor del Progreso Lento

Otro cambio de mentalidad crucial es dejar de esperar un “gran descubrimiento” o una catarsis cinematográfica en cada sesión. El cambio terapéutico real y sostenido suele llegar a través de pequeños ajustes repetidos: una perspectiva ligeramente distinta, una emoción nombrada correctamente por primera vez o un patrón de conducta observado con más claridad. Cuando se valora el progreso acumulado a lo largo de varias sesiones, cada encuentro individual se vive sin la presión autoimpuesta de tener que ser “extraordinario” o “memorable”.

Reflexión Final

Preparar las sesiones es un aspecto que inevitablemente evoluciona con la práctica y la confianza ganada. Lo que comienza como una tarea administrativa cargada de ansiedad puede convertirse en un ritual sagrado que favorece la presencia, la flexibilidad cognitiva y el cuidado propio. ¿Cómo es tu forma actual de prepararte? ¿Qué estrategias te funcionan y qué te gustaría ajustar para sentirte mejor? Reflexionar sobre ello puede ser el primer paso hacia una práctica clínica más sostenible, humana y conectada.

Referencias

  • Skovholt, T. M., & Rønnestad, M. H. (2013). The developing practitioner: Growth and stagnation of therapists and counselors. Routledge.
    Describe las fases de desarrollo profesional, destacando la transición vital desde la ansiedad y rigidez iniciales hacia la flexibilidad y aceptación de la incertidumbre en los terapeutas más experimentados (capítulos 4-6).
  • Kottler, J. A. (2017). On being a therapist (5th ed.). Oxford University Press.
    Aborda las dificultades emocionales y personales de los terapeutas, incluyendo la ansiedad por la preparación y la importancia crítica de reducir la autoexigencia para mantener la presencia en sesión (capítulos 2 y 8).
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