Las preguntas más raras que la gente busca en Google sobre la terapia
Hace poco me senté frente al ordenador, abrí una pestaña de incógnito y simplemente escribí en el buscador «por qué mi psicólogo». El autocompletado apareció al instante y me quedé helada. Tantas preguntas, tantas dudas, tantas inquietudes silenciosas que las personas llevan dentro, pero que no siempre se atreven a decir en voz alta en la consulta. Me caló hondo. Porque yo misma soy psicóloga y, de repente, vi nuestro trabajo desde los ojos de los pacientes: qué les preocupa, qué les parece extraño, qué les genera desconfianza.
Estas búsquedas no son palabras al azar. Muestran dónde nosotros, los profesionales de la salud mental, podemos resultar poco claros. Y para los pacientes, son una oportunidad de entender mejor el proceso y sentirse más seguros. Decidí repasar las sugerencias más comunes y compartir mis reflexiones sobre por qué pasa esto, cuándo es normal y cuándo conviene estar alerta.
¿Por qué mi psicólogo quiere que llore?
Esta pregunta me impactó especialmente. No, no voy por las sesiones pensando: «Hoy hay que hacer llorar al paciente sí o sí». Pero hay momentos en los que veo que la persona mantiene las emociones bajo llave, como si llevara una máscara que esconde dolor o rabia. Y entonces, en silencio, deseo que se permita sentirlo todo.
Llorar es una de las señales más visibles de que la emoción ha llegado al corazón, permitiendo una liberación necesaria. Pero no es obligatorio. Hay personas que sienten muy profundo y simplemente no les salen lágrimas, y está perfectamente bien. Lo importante es que la persona se permita estar en contacto con sus sentimientos. Si el psicólogo presiona diciendo «llora, llora ya», eso es una mala praxis. Las emociones no se pueden forzar.
Yo rara vez «quiero» conscientemente que alguien llore como un objetivo en sí mismo. Pero cuando un paciente que llevaba mucho tiempo conteniéndose de pronto se quiebra, suele ser la señal inequívoca de que ha aparecido la confianza. Y esa seguridad es lo que realmente cura.
¿Por qué mi psicólogo repite siempre la misma pregunta?
A veces yo misma me doy cuenta de que vuelvo varias veces a la misma cuestión. Y si el paciente me dice: «¿Para qué otra vez?», siempre explico el motivo. Los sentimientos humanos son dinámicos y cambian constantemente durante la sesión. Lo que hace cinco minutos parecía «nada del otro mundo» ahora puede abrirse de una manera totalmente distinta.
A menudo repito para ayudar a mirar la situación desde otro ángulo o profundidad. Por ejemplo, suelo preguntar recurrentemente: «¿Qué necesitas en este momento exacto?». La respuesta puede variar radicalmente según hacia dónde haya ido la conversación.
Es cierto que a veces el psicólogo repite porque se le olvidó; somos humanos también. Pero si pasa a menudo y sin explicación, conviene hablarlo. También puede ser una forma suave de señalar: aquí hay algo importante, un patrón, que vale la pena mirar de nuevo.
¿Por qué mi psicólogo se queda callado y me mira?
El silencio en terapia no es un vacío pasivo; es una intervención activa. A veces simplemente doy espacio: para que las palabras maduren, para que la persona sienta lo que aún no quiere salir a la superficie. En el enfoque psicoanalítico y humanista, el silencio es una herramienta fundamental para escuchar más allá de lo que se dice primero.
Pero también existen razones más pragmáticas: estoy procesando lo que acabas de decir, integrando la información o esperando a ver si quieres continuar por tu cuenta. En nuestra cultura occidental estamos acostumbrados a responder rápido, a llenar el silencio por incomodidad. En terapia, la pausa es un regalo de tiempo para ti mismo.
Sin embargo, hay un límite: si el psicólogo se pasa casi toda la sesión callado sin aportar dirección o contención, eso ya no es terapia efectiva. En ese caso, conviene expresar la incomodidad abiertamente.
¿Por qué mi psicólogo toma notas?
Yo sin notas no podría trabajar con la misma eficacia. Nombres, fechas, cronologías, detalles importantes: todo eso se me escapa fácilmente de la cabeza, sobre todo al gestionar las historias de muchos pacientes a la vez. Las notas me ayudan a honrar tu historia, recordando de qué hablamos la vez pasada sin tener que preguntar «¿Me recuerdas cómo se llama tu pareja?».
No escribo análisis profundos ni juicios del tipo «el paciente en realidad quiere decir…». Solo registro hechos y puntos clave. Tomar notas libera mi atención: puedo estar completamente presente aquí y ahora, sin esforzarme mentalmente por retener datos en la memoria a corto plazo.
Confieso que antes tomaba muchas más notas, impulsada por la ansiedad de psicóloga novata de querer capturarlo todo. Ahora solo apunto lo esencial. Porque sé que los detalles menores se pueden volver a preguntar y lo verdaderamente importante no se olvida.
¿Por qué mi psicólogo cancela tantas sesiones?
Esta pregunta del buscador me preocupó más que ninguna otra. Si es algo puntual, la vida pasa y es comprensible. Pero si es «muchas veces», es una clara señal de alarma.
Los psicólogos también somos personas: nos enfermamos, tenemos imprevistos o situaciones familiares. Pero si las cancelaciones son frecuentes, el paciente merece saber el motivo (en la medida en que sea profesionalmente apropiado contarlo). De lo contrario, surge inevitablemente la sensación de culpa: «¿Es por mí? ¿Soy un paciente difícil?».
Hay un matiz técnico importante: si el psicólogo cancela sistemáticamente solo tus sesiones, es motivo para que él o ella busque supervisión clínica urgente. Puede haber algo en la dinámica (contratransferencia) que le genera evitación inconsciente. En cualquier caso, el paciente nunca debería quedarse en la incertidumbre y terminar buscando respuestas en Google por la falta de responsabilidad de su terapeuta.
¿Por qué mi psicólogo bosteza?
Un bostezo, la inmensa mayoría de las veces, es solo un bostezo fisiológico. Yo también he bostezado, sobre todo en épocas exigentes como cuando volví de la baja maternal y no dormía lo suficiente. Si me pasa, siempre digo: «Perdona, estoy un poco cansada hoy físicamente, pero te estoy escuchando atentamente y con interés».
Si el psicólogo bosteza solo contigo, podría ser una señal contratransferencial de que le cuesta conectar con el material, pero es raro. Casi siempre la razón es banal: falta de sueño, falta de oxígeno en la sala o cansancio acumulado. Lo importante no es ocultar la humanidad del terapeuta, sino explicarla para no dañar el vínculo.
¿Por qué mi psicólogo me recomienda llevar un diario?
Propongo escribir un diario terapéutico cuando veo que los pensamientos del paciente son rumiantes, dan vueltas en círculo o se interrumpen unos a otros sin llegar a una conclusión. En el papel es más fácil dejar que cada pensamiento se complete, ver patrones y ganar distancia.
Escribir ralentiza el caos mental. A veces las personas escriben sobre algo completamente distinto al motivo de consulta y aun así encuentran un gran alivio catártico. Es, sencillamente, tiempo dedicado a uno mismo y a validar sus emociones.
Pero la clave está en la instrucción: si recomiendo algo, siempre explico el porqué clínico. De lo contrario el paciente puede terminar buscando en Google «¿para qué sirve esto?», sintiéndose mandado a hacer deberes sin sentido.
¿Por qué mi psicólogo me mira tanto a los ojos?
El contacto visual varía según el contexto: en terapia online miro más a la cámara para simular contacto; en persona, modulo más. El contacto visual muy prolongado consume muchos recursos cognitivos: al cerebro humano le cuesta procesar pensamientos complejos y mantener la mirada fija al mismo tiempo.
Sin embargo, la mirada es el canal principal de conexión. Dice: «estoy aquí, te veo, te reconozco». Si se convierte en una «mirada fija» inquisitiva, resulta intrusiva e incómoda. Hay que encontrar el equilibrio entre la conexión y el respeto al espacio personal.
¿Por qué mi psicólogo habla de sí mismo?
La autorrevelación es una herramienta técnica delicada. A veces comparto experiencias personales brevemente si, y solo si, estoy segura de que ayudará al paciente a sentirse comprendido y normalizado: «No estoy sola en esto». Por ejemplo, puedo mencionar algo personal cuando alguien se avergüenza profundamente de una experiencia que yo conozco desde dentro.
Pero la regla de oro es inquebrantable: siempre debe ser en beneficio del paciente, nunca para desahogo del terapeuta. Si hablo mucho tiempo, ya no es terapia para ti. Yo misma he sido paciente de psicólogos que hablaban de sí mismos durante 20 o 40 minutos; fue una experiencia dolorosa e incorrecta.
Si te molesta cuánto habla tu psicólogo de sí mismo, dilo. Un buen profesional agradecerá el feedback y ajustará el encuadre. Estas preguntas de Google me mostraron lo vital que es ser transparente. Para los pacientes, para confiar en el proceso. Para nosotros, los psicólogos, para recordar que lo que para nosotros es habitual, para otra persona puede ser un enigma inquietante. Hablemos de esto abiertamente, así la terapia realmente cura.