¿Por qué te sientes un mal terapeuta si solo estás agotado?
Hay momentos en los que todo el mundo habla de gratitud, de reuniones familiares cálidas, de parar un momento para dar gracias por lo bueno que hay en la vida. Pero ¿qué pasa si en esos días lo único que sientes es cansancio? ¿Si en lugar de alegría aparece la sensación de que no encajas, de que ya no puedes más, de que por dentro solo queda vacío?
Yo conozco esa sensación. Ha habido épocas en las que las fiestas eran los días más duros. Sobre todo cuando tuve que romper la relación con mis padres o cuando vivía las consecuencias de esa decisión. Entonces, todo ese mensaje de «deberías estar feliz» que flotaba alrededor solo hacía que el dolor se volviera más grande. Y está bien. No hace falta forzarse a estar alegre ni a dar gracias justo ahora. Puedes simplemente estar como estás hoy.
Por qué ahora tantos terapeutas lo están pasando mal
Últimamente escucho lo mismo de muchos compañeros: el trabajo agota. Algunos están al límite, otros apenas consiguen llenar la agenda, y hay quienes ya dudan de si quieren seguir en esta profesión. Y lo que más duele es cuando ese cansancio se convierte en la prueba interna de que «no sirves» para esto.
«Seguro que no soy un buen terapeuta», dicen algunos. «Ya no puedo ser empático con tanta gente», dicen otros. Pero espera. Si estás trabajando al borde del burnout porque la carga es excesiva, eso no significa que hayas perdido la capacidad de empatía. Es solo una señal de que ya no te quedan recursos. Y eso no es culpa tuya.
O ocurre lo contrario, algo también muy frecuente: la consulta no se llena, llegan menos personas de las que necesitas. Y enseguida aparece el pensamiento: «Soy mal profesional». Pero no. Ahora mismo en nuestro sector hay muchos cambios externos: el marketing se ha vuelto más complejo, existen dificultades sistémicas que afectan al acceso a la terapia. Eso no tiene que ver con tu valor como terapeuta. Tiene que ver con lo que está pasando fuera.
No todos los problemas son cosa tuya
Es importante separar lo que depende de ti de lo que viene de fuera. Si el centro donde trabajas te presiona en exceso, si las aseguradoras complican el proceso, si las personas no llegan por la situación general del país o del mundo, eso no significa que «no estés hecho» para este trabajo.
Puede que no estés hecho para trabajar al límite del agotamiento. Puede que no estés hecho para luchar constantemente con la burocracia. Pero eso no es lo mismo que no estar hecho para acompañar a las personas. Imagina un mundo en el que pudieras simplemente atender a tus pacientes: con calma, con un sueldo justo y sin tanta presión. ¿Te gustaría este trabajo entonces? La mayoría responde que sí.
Y hay otra cosa importante: cuando estamos mal, solemos pensar que a nuestros pacientes también les va mal con nosotros. Pero no siempre es así. Puedes estar agotado y seguir siendo de gran ayuda. Tus pacientes pueden valorarte mucho aunque no lo expresen en cada sesión. Su gratitud no es tu responsabilidad.
Lo que queda cuando todo alrededor se tambalea
Cuando la vida se siente inestable, ayuda mucho volver a lo que de verdad importa. A tus valores. A por qué elegiste esta profesión en primer lugar. Nadie puede quitarte lo que valoras por dentro. Aunque ahora no puedas vivirlo al cien por cien, el cuidado hacia los demás y las ganas de ayudar siguen ahí contigo.
Es como un ancla. Incluso en los días más difíciles, te recuerda: sigo siendo yo. Sigo creyendo en lo que creía. Y eso da fuerza para seguir adelante.
Y para terminar
Si tú ahora estás bien, si sientes gratitud a raudales, me alegro muchísimo por ti. Solo acuérdate de preguntar a las personas que tienes cerca cómo están. Tal vez alguien necesite un poco de apoyo.
Y si lo estás pasando mal, permítetelo. No hace falta fingir. No hace falta dar gracias precisamente hoy. Tienes derecho a ser como eres. Y sabes qué, estoy realmente agradecida de que estés aquí. Aunque nunca nos hayamos visto en persona.