Embarazo y posparto: “Ya no me siento yo misma”
El embarazo y el posparto no son solo etapas médicas ni simples hitos vitales. Son procesos de transformación profunda que atraviesan el cuerpo, la mente y la identidad de la mujer. A menudo se narran desde la alegría inmediata o el sacrificio silencioso, pero entre ambos extremos existe un territorio mucho más real, el que todas experimentan: el de una mujer que cambia, se adapta y, en muchos momentos, se pregunta ¿Quién soy ahora?, ¿solo soy una mamá?, si ya no puedo hacer todo lo que hacía antes, ¿entonces quién o qué soy yo?, ¿soy egoísta por pensar en mí?, ¿debería estar simplemente feliz por estar embarazada o haberme convertido en mamá?, después de todo es lo que se espera de mí.
Durante el embarazo, el cuerpo de la mujer se convierte en un sistema en constante reajuste. Las hormonas orquestan una coreografía intensa: suben, bajan, se entrelazan y alteran todo a su paso. La sensibilidad emocional aumenta, el llanto aparece a veces sin previo aviso y las reacciones parecen ser desproporcionadas incluso para ella misma. Lejos de ser una señal de debilidad, este estado responde a un organismo afinando todos sus mecanismos para sostener la vida que crece. Es decir, puede resultar exasperante, irritante y agobiante, pero, es del todo normal.
Tras el parto, comienza la verdadera batalla hormonal, física y cognitiva. El cambio no se detiene. Al contrario, muchas mujeres describen el posparto como una sacudida que hace tambalear su vida, su empleo, sus amistades e incluso su relación afectiva. El descenso brusco de ciertas hormonas convive con la exigencia de cuidar, amar y responder, a menudo sin descanso. En este contexto, sentirse frágil, desbordada o emocionalmente vulnerable no es un fallo personal, sino una respuesta humana ante una demanda enorme y sostenida. La nueva mamá desea poder con todo, y a menudo lo consigue, pero no olvidemos un detalle, la nueva mamá sigue siendo humana.
El cuerpo, por su parte, cuenta su propia historia. No vuelve atrás, avanza hacia otra forma. La piel, el peso, el suelo pélvico, el cansancio persistente y la falta de sueño redefinen la relación con una misma. En una cultura obsesionada con la rapidez y la recuperación estética, el cuerpo posparto suele vivirse con juicio y exigencia. Sin embargo, este cuerpo no necesita ser corregido, sino escuchado. Es un cuerpo que ha hecho algo extraordinario y que ahora pide tiempo, cuidado y amabilidad.
También la mente cambia. Muchas mujeres experimentan olvidos, dificultad para concentrarse o una sensación de niebla mental. El llamado “cerebro de mamá” ha sido motivo de bromas, pero la ciencia muestra otra lectura: el cerebro se reorganiza, prioriza el cuidado, la vigilancia y la conexión. No es menos capaz, es distinto por un tiempo. Comprender esto puede aliviar la inseguridad y devolver confianza en medio de un entorno que exige rendimiento constante. En estos momentos lo primordial biológicamente hablando es la supervivencia del bebé, por lo que el resto de “pequeñas cosas” pasan a segundo plano. “Pequeñas cosas” como recordar dónde fueron vistas las llaves del coche por última vez, la cita con el ayuntamiento o apagar la vitrocerámica tras su uso son solo algunas de esas pequeñeces.
Nada de esto ocurre en el vacío. La experiencia del embarazo y el posparto está profundamente influida por el acompañamiento, el apoyo social y las expectativas que rodean a la maternidad. Cuando se espera que la mujer pueda con todo y además lo haga con una sonrisa, el malestar se vuelve solitario. Cuando, en cambio, se abren espacios para hablar con honestidad, la experiencia se humaniza.
Entender las consecuencias del embarazo y el posparto desde una mirada sensible no es restar belleza a la maternidad, sino ampliarla. Es reconocer que en ese proceso no solo nace un bebé, también nace una versión nueva de la mujer. Una versión que merece ser mirada sin prisa, sin juicio y con la misma ternura que ella ofrece hacia afuera.
Por ello mismo, el acompañamiento durante este precioso y duro proceso es primordial. Acompañamiento de la mano de la familia, la pareja, las amistades y de ser necesario, un profesional ayudarán a aliviar las batallas de este nuevo periodo.
