¿Lo que estás viviendo es amor… o una forma de violencia que has aprendido a normalizar?
El abuso no siempre deja marcas visibles. A veces se disfraza de control, de celos “por amor”, de silencios que castigan, de palabras que hieren o de actitudes que te hacen dudar de ti mismo/a. Y poco a poco, sin darte cuenta, empiezas a justificar lo que en el fondo sabes que duele.
La violencia puede ser emocional, psicológica, verbal o física. Y ninguna de ellas es aceptable.
Detente y pregúntate con honestidad:
¿Me siento en paz en esta relación o en constante alerta?
¿Puedo ser yo mismo/a sin miedo?
¿Me siento valorado/a o constantemente minimizado/a?
El amor sano no controla, no humilla, no manipula, no duele de forma constante. El amor sano cuida, respeta, escucha y construye.
Reconocerlo es el primer paso. Normalizarlo… es quedarse atrapado/a en ello.