Cuando la sensibilidad duele: agotamiento emocional y la herida invisible de la separación

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Muchas personas llegan a terapia diciendo: “Soy muy sensible, pero ya no sé qué hacer con esto”.

No hablan solo de emociones intensas. Hablan de cansancio profundo, de sentirse fuera de lugar, de absorber el clima emocional de los demás, de una ansiedad que no siempre tiene una causa clara. A veces han probado meditación, terapia o desarrollo personal… y aun así algo sigue sin acomodarse por dentro.

La alta sensibilidad, cuando no es comprendida ni sostenida, puede convertirse en una fuente de sufrimiento.

La sensibilidad no es el problema. El problema aparece cuando una persona sensible aprende, desde muy temprano, que para pertenecer debe desconectarse de lo que siente. Esto genera una forma silenciosa de separación interna: la persona funciona, se adapta, cuida, comprende… pero se abandona a sí misma.

Con el tiempo, esta desconexión puede manifestarse como:

  • Ansiedad persistente.
  • Agotamiento emocional o burnout.
  • Sensación de vacío o soledad incluso en compañía.
  • Dificultad para poner límites.
  • Crisis existenciales o pérdida de sentido.

Como señala Carl Rogers, “cuando una persona es aceptada tal como es, entonces puede comenzar a cambiar” (Rogers, 1961). Sin embargo, muchas personas sensibles crecieron sin esa aceptación profunda de su mundo interno.

La herida de separación interna

A lo largo de años de trabajo clínico e investigación personal sobre las llamadas heridas de separación, he observado que muchas personas sensibles no están “rotas”, sino separadas de su experiencia interna. Aprendieron a observarse desde afuera, a regularse solas demasiado pronto, a sostenerse sin haber sido suficientemente sostenidas.

Esta herida no siempre proviene de traumas evidentes. A veces surge en entornos donde:

  • Hubo amor, pero poca disponibilidad emocional.
  • Se valoró el rendimiento más que la vivencia.
  • Se invalidaron emociones intensas o profundas.

Desde esta comprensión, mi enfoque terapéutico es integrador y no dual: no trabaja desde la idea de “arreglar” a la persona, sino de restablecer la relación consigo misma, reconociendo que el sufrimiento surge cuando nos vivimos separados de lo que somos.

En innumerables ocasiones, he visto que esas polaridades internas que se forman al separarse de sus experiencias emocionales profundas, como sentirse una buena y mala persona a la vez y luchar constantemente por ser solo la persona “buena”, pueden reconocerse como la continuidad del mismo aspecto interno, como en el ejemplo la adecuación a lo que se espera que esa persona sea, es entonces cuando esta reconciliación con su mundo interior comienza a crear paz y bienestar en personas sensibles.

El cuerpo suele ser el primero en expresar esta separación, como explica Van der Kolk al señalar que “el cuerpo lleva la cuenta de lo que la mente intenta olvidar” (Van der Kolk, 2014).

Un enfoque terapéutico que integra

Desde una psicoterapia ética, centrada en la persona y experiencial, el trabajo no consiste en controlar la sensibilidad, sino en aprender a habitarla con presencia y acompañamiento.

Esto implica:

  • Volver al cuerpo como lugar de escucha.
  • Reconocer las emociones sin juicio.
  • Comprender los patrones relacionales que mantienen el agotamiento.
  • Integrar prácticas de atención plena y meditación no como escape, sino como contacto.

La terapia se convierte así en un espacio donde la persona puede, por primera vez, no adaptarse, no explicarse, no justificarse… sino simplemente estar.

Recuperar el hogar interno

Cuando una persona sensible deja de pelear con su experiencia y empieza a habitarla con apoyo terapéutico, algo se reorganiza. No porque desaparezcan las dificultades, sino porque ya no está sola frente a ellas.

La sensibilidad, entonces, deja de doler. Y empieza a convertirse en una brújula.

Referencias

  • Aron, E. (1996). The Highly Sensitive Person. Broadway Books.
  • Rogers, C. (1961). On Becoming a Person. Houghton Mifflin.
  • Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score. Viking.
  • Siegel, D. (2010). The Mindful Therapist. Norton.