Vida aburrida y sin sentido: por qué tu cerebro sufre más de lo que creés
Imaginá esto: entrás a una habitación para participar en una investigación. Hay una silla. Nada más. Ningún teléfono, ninguna distracción, ninguna otra persona. Solo te piden que te quedes sentada durante 15 minutos, pensando en lo que quieras. Y hay un detalle: frente a vos hay un botón. Si lo presionás, recibís una descarga eléctrica. Y eso ya lo sabés de antemano.
¿Lo presionarías?
En la vida real, de 42 participantes de ese estudio, casi la mitad eligió presionar el botón al menos una vez, incluso habiendo experimentado esa descarga antes y habiendo declarado que pagarían dinero para no volver a sentirla. Un hombre llegó al extremo de electrocutarse 190 veces durante el experimento.
¿Por qué harían algo así? La respuesta es una sola: el aburrimiento.
El aburrimiento no es solo una molestia pasajera
La gente lo odia. Lo considera casi insoportable. El escritor Víctor Hugo llegó a escribir: "Hay algo más horrible que el infierno del sufrimiento: el infierno del aburrimiento". Y no exageraba.
El psicólogo William James lo describió así: es un momento de vida tan vacío de contenido que el foco de atención se convierte en el paso del tiempo en sí mismo. Duele solo de leerlo, pero es exactamente eso.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando el aburrimiento no dura 20 minutos haciendo la fila en el supermercado, sino que se extiende a toda una vida? ¿Alguna vez sentiste que tu vida pasa de largo y que no la estás aprovechando del todo? ¿Te preguntaste alguna vez: "¿esto es todo lo que hay?"?
El lado que nadie te cuenta: el aburrimiento puede volverse peligroso
En un estudio de 2021, los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos. Frente a ellos había una máquina de moler café y, también, larvas. A esas larvas les pusieron nombres —Toto, Pepe y Coco— para hacerlas más cercanas, más personajes. La diferencia era que a un grupo le proyectaron un documental interesante, mientras que al otro le mostraron un material aburrido de 20 minutos.
El resultado fue impactante: 12 de 67 participantes que presenciaron el material aburrido —es decir, el 18%— intentaron meter las larvas en la máquina de moler. En el grupo que vio el documental interesante, solo uno de 62 lo intentó. Por suerte, la máquina era falsa y ninguna larva resultó lastimada. Pero los datos son inquietantes.
Otros experimentos mostraron vínculos entre el aburrimiento crónico y distintas formas de comportamiento agresivo: desde el acoso en redes sociales hasta el bullying en el aula. La buena noticia es que el aburrimiento no nos vuelve necesariamente más crueles. Lo que hace es impulsarnos a actuar, para bien o para mal. Es como un indicador emocional que dice: "Che, algo no está bien en el camino que estás recorriendo".
Mi historia: cuando tener todo no alcanza
Crecí en una familia humilde y desde que empecé mi vida adulta independiente me concentré casi exclusivamente en la realización profesional. Quería encontrar algo que me apasionara y que al mismo tiempo me generara buenos ingresos.
Cuando finalmente lo logré, me senté a disfrutarlo... y al poco tiempo me di cuenta de que algo no cerraba. Tenía ingresos que me conformaban, amaba lo que hacía, el rumbo de mi vida me gustaba. Pero todo se sentía sin brillo. Sin chispa.
Así que al empezar ese año me propuse una meta nueva: hacer mi vida más luminosa.
Y como era de esperar, seis meses después no había cambiado absolutamente nada.
Pero soy una persona que conoce bien el mundo de los objetivos y la disciplina, entonces entendí algo clave: si no funciona con entusiasmo, funciona con estructura. Me pregunté qué significaba para mí una vida con más color, y lo traduje en metas concretas y medibles. Decidí que cada mes tenía que vivir al menos dos experiencias nuevas: probar una actividad diferente, cumplir algún sueño pendiente, ir a algún lugar, divertirme de verdad. También me propuse probar una cocina nueva del mundo por mes, algo que siempre quise hacer y nunca priorizaba.
Y funcionó.
En esos meses monté a caballo por primera vez (¡y encontré un hobby nuevo siendo adulta!), remé en kayak, hice senderismo en la montaña, subí a una cumbre, probé el karting, di una entrevista, y viví muchas otras aventuras que nunca había imaginado. Todo eso sin salir del país, sin grandes presupuestos. Solo con intención y planificación.
Cómo construir una vida con más brillo (sin necesidad de paracaídas ni pasaportes)
Acá van los aprendizajes más concretos que me llevé de esa experiencia:
- Primero, entendé qué significa para vos una vida brillante. Para mí fueron actividades activas y al aire libre. Para otra persona puede ser una reunión con amigas, el teatro, o explorar nuevos barrios. No hay una respuesta única ni correcta.
- Segundo, tratá esa parte de tu vida —la del disfrute— con la misma seriedad con que encarás otras responsabilidades. No va a cambiar solo con inspiración. Quien creció en una familia que salía, exploraba y hacía cosas juntas tiene esa costumbre incorporada. Quien no, tiene que construirla con esfuerzo consciente.
- Tercero, planificá. Al inicio de cada mes o cada semana, sentate y pensá qué querés hacer. Anotalo como una tarea más en tu agenda.
- Cuarto, usá lo que se llama "dispositivos de compromiso": si querés ir a las sierras el próximo mes, comprá las entradas o reservá el alojamiento ya. Si querés sumarte a un taller de baile, anotate ahora. Si hay un recital que te entusiasma, sacá la entrada antes de que aparezca la excusa perfecta para no ir.
El estrés también te roba la vida (y la energía para vivirla)
Puede pasar que incluso queriendo incorporar esas experiencias nuevas, simplemente no tengas energía. Y no es porque seas floja ni porque estés demasiado ocupada. Muchas veces es porque el organismo está en un estado crónico de tensión que consume una enorme cantidad de energía, que de otro modo estaría disponible para disfrutar.
Además, hay algo que la investigación científica repite con insistencia: para sentir que la vida es buena, no alcanza con sumar momentos felices. Hay que reducir el peso de lo negativo. Las personas que te rodean cada día, la información que consumís, la rutina que transitás: todo eso pesa mucho más de lo que solemos reconocer.
El problema no es la rutina. El problema es el vacío de sentido
Cuando decimos que sentimos que no estamos viviendo plenamente, casi siempre lo que falta es sentido, no adrenalina.
La rutina tiene muy mala prensa. Pero ocupa alrededor del 95% de nuestra vida. No son los momentos extraordinarios los que la definen; es la forma en que vivimos lo cotidiano. Levantarse, desayunar, trabajar, cocinar, charlar, dormir. Eso somos, en su mayor parte.
Y acá está la trampa: si toda la apuesta está puesta en los momentos cúlmine —el primer vuelo en avión, la cumbre de una montaña, ver una ballena— lo demás se convierte en relleno. Pero incluso si transformaras toda tu vida en una aventura continua, el cerebro se adaptaría. Los receptores de neurotransmisores se vuelven menos sensibles con el tiempo. Lo extraordinario, con el tiempo, se vuelve ordinario.
Viktor Frankl lo expresó de una manera que me cambió la perspectiva: el sentido de la vida es distinto de persona a persona, de día en día, de hora en hora. No se trata de encontrar el gran propósito universal. Se trata de encontrar qué tiene valor para vos, en este momento, hoy.
El filósofo Iddo Landau, profesor de la Universidad de Haifa y autor de "Encontrar sentido en un mundo imperfecto", lo dice de forma aún más directa: una vida con sentido es aquella que tiene suficientes aspectos de suficiente valor. Una vida sin sentido es la que carece de ellos. Es casi una ecuación: sumá o restá acciones que vos misma considerás valiosas, y así tendrá más o menos significado cada hora, cada día, tu vida entera.
Una práctica para los próximos 30 días
Cada mañana, antes de empezar el día, anotá en tu agenda de una a tres cosas que considerés realmente valiosas para vos. Algo placentero, algo importante, algo que al caer la tarde te haga pensar: "hoy valió la pena". Después organizá el resto del día alrededor de esas cosas.
Vivir con sentido no significa encontrar una única misión grandiosa y marchar hacia ella. Significa asumir la libertad de elegir, hacerse cargo de esas elecciones, y explorar con honestidad qué es lo que realmente te importa.
Referencias
- Wilson, T. D., et al. (2014). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 345(6192), 75-77. (Estudio sobre los 15 minutos de aburrimiento y las descargas eléctricas).
- Pfattheicher, S., et al. (2021). On the relation of boredom and sadistic aggression. Journal of Personality and Social Psychology, 121(3), 573–600. (Estudio del molinillo de café y las larvas).
- Frankl, V. E. (1946). El hombre en busca de sentido. (Concepto del sentido de la vida variable según el momento y la persona).
- Landau, I. (2017). Encontrar sentido en un mundo imperfecto. (Teoría del valor suficiente para construir significado).
- James, W. (1890). Principios de psicología. (Conceptos sobre la percepción del paso del tiempo y la atención).