Duelo migratorio y el regreso a casa
Es curioso pensar que, después de casi 9 años, volar de regreso a Venezuela se sintió como volver a migrar.
Uno podría pensar que la parte más difícil era irse, adaptarse al nuevo país y extrañar: la casa donde creciste, a tu familia y amigos, y esas anécdotas tan hermosas que hoy se sienten como una vida pasada.
Pero hay algo de lo que se habla poco: lo difícil no siempre es irte, sino integrar en quién te convertiste después. Porque la vida sigue avanzando, estés donde estés, y ese lugar que recuerdas ya no es exactamente el mismo, como tampoco lo eres tú.
Y aquí aparece algo que veo mucho también en consulta: esa sensación de no ser completamente de aquí, pero tampoco de allá, que muchas veces no permite avanzar.
Volver no siempre es recuperar, a veces es reconocer que cambiaste, y eso, aunque es difícil, también te ayuda recordar con gratitud todo lo aprendido en el pasado, habitar realmente tu presente y avanzar con claridad hacia el futuro. Ya no se trata de ser una sola cosa, sino de abrazar que eres mucho más.
Hoy vuelvo a Venezuela agradecida: por mi familia, por sus paisajes, por su gente. También reconozco algo importante: Argentina hoy es hogar.
Y al final, el hogar no es solo un punto en el mapa, sino ese espacio donde te reconoces, creces y, sobre todo, donde te encuentras con la persona en la que te quieres convertir.