Hipnoterapia: ¿realmente ayuda o puede crear falsos recuerdos?

Blog | Psicoterapia

Cuando escuché por primera vez sobre el hipnotismo, mi mente evocó de inmediato esas clásicas escenas de películas: un reloj de bolsillo oscilando frente a los ojos y una persona cayendo en un sueño profundo, obedeciendo ciegamente cualquier orden absurda. Sin embargo, la realidad clínica es mucho más sutil, compleja y fascinante. La hipnoterapia es un método de intervención psicológica riguroso en el que un profesional acompaña a la persona para entrar en un estado de relajación física muy profunda y, simultáneamente, de una concentración mental intensa. En ese momento, la mente consciente y crítica se retira ligeramente, permitiendo que la atención se dirija hacia el interior: hacia pensamientos, emociones, sensaciones o recuerdos que habitualmente permanecen ocultos o son difíciles de alcanzar en el ajetreo del día a día.

¿Cómo funciona realmente este proceso?

Lejos de la magia, se trata de una técnica estructurada. El terapeuta utiliza un tono de voz calmado, frases rítmicas y, a menudo, imágenes guiadas o instrucciones para focalizar la atención en la respiración y las sensaciones corporales. Poco a poco, el cuerpo libera la tensión acumulada, los ruidos externos y las preocupaciones cotidianas pierden relevancia, y entras en lo que llamamos trance hipnótico. Es fundamental aclarar esto: no es dormir, ni perder la conciencia. Se trata de un estado de presencia interna agudizada. En este estado, nuestras barreras defensivas habituales bajan la guardia, volviéndonos más receptivos al cambio terapéutico; la mente se vuelve más flexible para aceptar nuevas perspectivas, soltar viejos hábitos nocivos y reestructurar asociaciones emocionales.

Mucha gente acude a estas sesiones buscando modificar conductas muy específicas que no han logrado controlar con la voluntad consciente: dejar de fumar, erradicar la onicofagia (morderse las uñas), o superar el miedo paralizante a los exámenes y a hablar en público. Además, la hipnosis ha demostrado ser una herramienta poderosa para el manejo del dolor crónico; el cerebro aprende a filtrar las señales de dolor, redirigiendo la atención para que la sensación se perciba con mucha menos intensidad. Existe también un enfoque más profundo: cuando alguien necesita acceder a vivencias dolorosas que ha bloqueado. Por ejemplo, un trauma infantil que años después se manifiesta como trastornos alimentarios o ansiedad generalizada. En el trance, a veces es posible acercarse suavemente a esas heridas emocionales sin que se active violentamente el mecanismo de defensa, permitiendo procesarlas con mayor seguridad.

¿En qué casos puede ser útil de verdad?

La evidencia clínica respalda su uso en una variedad de condiciones. Se utiliza frecuentemente para tratar fobias específicas, trastornos de ansiedad, depresión leve a moderada, insomnio y las secuelas del estrés postraumático. También es muy valiosa en procesos de duelo por pérdidas significativas. Si vives en un estado de tensión permanente, la hipnoterapia puede ofrecerte una sensación de descanso reparador que quizás no hayas experimentado en años. Muchos pacientes, tras sus primeras sesiones, reportan con alivio: «Por fin pude respirar tranquilo y sentir que mi mente paraba».

No obstante, es crucial tener expectativas realistas: el hipnotismo casi nunca funciona como una cura aislada. La práctica más efectiva es combinarlo con psicoterapia conversacional, enfoques cognitivo-conductuales u otras formas de tratamiento médico y psicológico. El trance abre la puerta del subconsciente, pero procesar, entender e integrar lo que encontramos al otro lado es un trabajo que debe hacerse también en estado de vigilia y consciencia plena.

¿Y los riesgos? ¿Nos puede engañar el cerebro?

Aquí entramos en el terreno más delicado y éticamente complejo. El estado hipnótico nos hace extremadamente sugestionables. Si el profesional, ya sea por falta de pericia o intencionalmente, sugiere algo equivocado o hace preguntas inductivas, el cerebro tiene la capacidad de «inventar» recuerdos que nunca existieron para satisfacer la narrativa. Estudios científicos rigurosos han demostrado que, bajo hipnosis, las personas pueden generar falsos recuerdos (confabulaciones) con gran detalle y carga emocional, creyendo firmemente que son hechos reales, especialmente cuando se indaga en traumas de la infancia.

Esto no significa que la hipnosis siempre mienta, pero sí puede generar una certeza subjetiva sobre eventos que no ocurrieron históricamente. Por esta razón de seguridad mental, no se recomienda la hipnosis para personas con antecedentes de síntomas psicóticos (como alucinaciones o delirios) o trastornos disociativos severos no estabilizados. En casos de problemas psíquicos graves, siempre es preferible comenzar por enfoques clínicos con un respaldo científico más convencional antes de considerar la hipnosis.

¿A quién confiarle tu mente?

Si decides probar este camino, la elección del profesional es vital. Busca siempre a alguien con una formación de base sólida en salud mental —es decir, un psicólogo, psicoterapeuta o médico psiquiatra— que además cuente con una certificación de posgrado o especialización seria en hipnosis clínica. Las regulaciones varían según el país, pero siempre tienes el derecho (y el deber contigo misma) de preguntar por sus estudios, su experiencia clínica y dónde se capacitó. Un buen profesional jamás se ofenderá por estas preguntas; al contrario, valorará que seas cuidadosa con tu salud mental.

No afirmo que el hipnotismo sea una solución mágica ni tampoco algo prohibido o esotérico. Para muchas personas, representa un verdadero punto de inflexión cuando otros caminos terapéuticos se habían estancado. Pero su práctica exige precaución, confianza y una mirada crítica. Si sientes que estás trabada en algún círculo vicioso emocional, quizás valga la pena informarte más. Tal vez, con el profesional adecuado y los cuidados necesarios, este enfoque sea justamente la llave que te faltaba para avanzar.