¿Se puede desarrollar adicción a la terapia psicológica y cómo reconocerla?

Blog | Psicoterapia

A veces pasa que de golpe te frenás y te preguntás: ¿quién soy yo cuando no estoy ayudando a los demás? ¿Cuando no corro de acá para allá, resolviendo problemas, tratando de complacer a todos? Hay mucha gente que durante años armó su valor personal justamente en ser necesitada. Siempre en movimiento: ayudando en la casa, laburando de más, sacrificando su tiempo. Y un día se dan cuenta: si quito toda esa “utilidad”, ¿qué queda? Muy poco. Y eso asusta. Pero también es una oportunidad. La oportunidad de encontrarse con una misma de verdad.

Cómo empezar a descubrirte

No hace falta tirar todo por la borda e irte a meditar a la cordillera. Basta con pasos chiquitos. Probá simplemente observarte: ¿qué te gusta cuando nadie espera tu reacción? Capaz siempre pensaste que te gustaba la comida picante porque así comen en tu familia. ¿Y si probás algo totalmente distinto y te das cuenta de que en realidad preferís lo suave y lo dulce?

Anotá ideas: ¿qué te gustaría probar? ¿Hacer facturas o empanadas? ¿Tocar guitarra? ¿Una caminata por las sierras? ¿Baile? No hace falta anotarte en un curso de inmediato: podés mirar cómo lo hacen otros y preguntarte: ¿esto me pinta a mí o es para agradar a otro? Después, animate a probarlo. Mejor sola o con gente que no conocés tanto, para no caer en la tentación de adaptarte a ellos.

Lo importante es darte tiempo. Un mes o dos para cada cosa es suficiente para darte cuenta si es lo tuyo o no. Y lo fundamental: permitite cambiar de opinión. Hoy te copa hacer asado, y dentro de un año ya no. Está bien. Tenés derecho a ser distinta en distintos momentos de tu vida.

¿El TEPT complejo se queda para siempre?

Mucha gente pregunta: si voy a terapia, tomo medicación y trabajo el trauma, ¿me voy a librar algún día de estos síntomas del todo? ¿O es una condena de por vida?

No, no es una condena. Pero tampoco es un resfrío que se cura con una caja de antibióticos y chau. La salud mental es más parecida a la salud física integral: si alguna vez sufriste de anginas recurrentes, aunque te hayas curado, sabés que con estrés o durmiendo poco la garganta puede volver a doler. Hay que cuidarse.

Lo mismo ocurre con el TEPT complejo. Los síntomas pueden retroceder tanto que casi no los recordás en el día a día. Pero en momentos de mucho estrés, agotamiento o cambios grandes, pueden volver a asomar. Eso no significa que “volviste a romperte”. Significa que hay que volver a lo que ayuda: dormir, comer bien, buscar apoyo, capaz volver un tiempo a las consultas. El cuerpo y la mente recuerdan, pero también aprenden cosas nuevas. Y con el tiempo vas a aprender a reconocer las primeras señales y reaccionar rápido, para que el viejo dolor no vuelva a tomar el control.

¿Por qué a veces quiero tanto que mi psicólogo se preocupe por mí?

Hay personas que se sorprenden pensando: quiero que mi psicólogo se preocupe por mí. Que le importe. Que yo sea importante para él. Y enseguida aparece el miedo: si lo digo en voz alta, va a dejar de preocuparse. Y si deja de preocuparse, significa que no estoy lo suficientemente mal. Tengo que empeorar para que no se vaya.

Es muy doloroso y muy entendible. Sobre todo si en la vida hubo poca contención estable. Si las personas cercanas aparecían y desaparecían. Si el cariño había que “ganárselo” sufriendo o estando enferma. Entonces la consulta psicológica se convierte en el único lugar donde uno siente: me ven, no me abandonan.

Pero la paradoja es que justamente ese deseo de “seguir mal para que no me dejen” es lo que impide sanar. Es un conflicto interno que hay que verbalizar. No hace falta decir “quiero que te preocupes por mí”. Podés decir: “Me da miedo que si mejoro, te vas a ir. Y me doy cuenta de que a veces quiero quedarme mal para que eso no pase”. Un buen profesional no se va a asustar con esas palabras. Te va a ayudar a entender de dónde viene ese miedo. Capaz haya que trabajar con esa nena interior que todavía espera que la quieran sin condiciones. Capaz probar otros enfoques: prácticas corporales, trabajo con partes de la personalidad. Lo importante es no guardártelo.

¿Se puede uno “enganchar” con la terapia?

Alguien dice: voy al psicólogo hace años y es el único lugar donde puedo ser yo. ¿No será una adicción?

Adicción no. Pero dependencia del único lugar seguro, sí puede ser. Si todas las emociones, todas las charlas importantes, todo el trabajo personal pasa solo en el consultorio, entonces afuera nada cambia. Y los cambios de verdad pasan justamente afuera: en las decisiones cotidianas, en las charlas, en los intentos fallidos y en los aciertos.

Por eso, si sentís que la terapia se volvió el único refugio seguro, es una señal. Señal de que hay que empezar a armar otros refugios de a poquito. Conocer gente nueva. Probar contar lo que sentís aunque sea con una sola persona de confianza. Poner límites chiquitos. Da miedo, pero eso es lo que cura. Y si las sesiones se convirtieron solo en una charla agradable sin desafíos ni cambios, capaz sea hora de espaciarlas. El profesional debería notarlo y proponerlo. Pero vos también podés decir: “Me parece que solo charlamos lindo, pero no avanzo. Ayudame a entender qué hacer”.

Cuando el exceso de mimo en la infancia termina en desamparo

También está el otro lado: a alguien la criaron tan sobreprotegida, le resolvían todo, que creció sintiendo “yo sola no puedo”. No puedo hacerme cargo. No sé cómo vivir mi vida sin instrucciones.

Los padres querían lo mejor. Querían proteger. Pero al final la criatura no aprendió a caer y levantarse. No aprendió que puede sola. La salida es empezar a darse esas lecciones ahora. En dosis pequeñas. Ir sola a un café. Probar un hobby sin compañía. Tomar un compromiso chico pero constante: cuidar una planta o planificar la semana. Cada vez que hacés algo sola y te sale, el cerebro registra: puedo. Requiere tiempo y paciencia. Pero así se construye la confianza que faltó en la infancia.

Cómo acompañar a alguien con trastorno de personalidad dependiente sin convertirse en su muleta

La persona con trastorno de personalidad dependiente suele sentir que no puede existir sin el apoyo de otro. Cada decisión solo se toma con consejo ajeno. Cada día solo es viable si hay alguien cerca.

Los familiares quieren ayudar. Y empiezan a decidir por ella, a recordarle todo, a controlar. Pero así solo confirman su creencia errónea: realmente no podés sola.

  • Apoyo: Es cuando te alegras de que vaya a terapia, le ofrecés llevarla o ayudarla a encontrar un buen profesional. Es cuando valorás hasta los pasitos autónomos más pequeños.
  • Facilitación negativa (enabling): Es cuando seguís tomando todas las decisiones por ella para que siga cómoda en el mismo lugar, evitando que enfrente la ansiedad de decidir.

La línea es fina. Pero la pregunta es simple: lo que estoy haciendo, ¿la ayuda a crecer o le permite quedarse igual? Si te respondés con honestidad, casi siempre se entiende. Los cambios van a ser incómodos para los dos. Va a haber resistencia. Va a haber culpa. Pero justamente negarse a ser “salvador” es lo que le da chance a la persona de aprender a pararse sola.

Las ideas finales son simples: todos a veces nos perdemos en los otros. Todos a veces tememos que nos abandonen si nos ponemos “demasiado sanos”. Todos a veces no sabemos cómo vivir sin que alguien nos indique el camino. Pero tenemos la posibilidad de empezar a preguntarnos: ¿qué quiero yo realmente? Y dar un pasito chiquito hacia ahí. Aunque dé miedo. Sobre todo aunque dé miedo. Porque justo ahí, detrás del miedo, empieza tu vida de verdad.

Bibliografía

  • Linehan, M. M. (2015). DBT Skills Training Manual (2nd ed.). New York: Guilford Press. (Describe la terapia dialéctico-conductual, efectiva en trastorno límite de la personalidad, miedos al abandono y conductas impulsivas).
  • Herman, J. L. (2015). Trauma and Recovery: The Aftermath of Violence – From Domestic Abuse to Political Terror. New York: Basic Books. (Obra clásica sobre las etapas de recuperación después de un trauma complejo, incluyendo el concepto de TEPT complejo).
  • Seligman, M. E. P. (1991). Learned Helplessness: A Theory for the Age of Personal Control. New York: Oxford University Press. (Explica el mecanismo de la indefensión aprendida y las condiciones en las que la persona siente que no tiene control).
  • van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. New York: Viking. (El libro explica cómo el trauma, especialmente el repetido, afecta el cuerpo y la mente, y describe enfoques corporales para el tratamiento del TEPT complejo).