Agotamiento profesional en psicólogas: cómo identificar y aliviar la insatisfacción laboral
Muchas psicólogas aman profundamente su profesión: acompañar a las personas en sus complejos procesos de cambio, ver cómo crecen y cómo se fortalecen ante la adversidad. Sin embargo, no es raro llegar a un punto en el que esa pasión inicial se nubla y aparece una sensación de infelicidad difícil de explicar. Quiero que sepas que no estás sola en esto. Numerosos profesionales de la psicología experimentan momentos similares a lo largo de su carrera, y el simple hecho de reconocerlo ya es un inmenso acto de valentía.
La insatisfacción puede tener muchas caras: desde un profundo agotamiento y frustración, hasta la desconexión emocional o simplemente la sensación persistente de que algo no encaja. Lo importante es recordar que esto no tiene por qué ser permanente. A continuación, comparto contigo una serie de pasos reflexivos y prácticos que pueden ayudarte a identificar qué está pasando realmente y a recuperar, poco a poco, el equilibrio y la motivación perdida.
1. Evalúa si hay agotamiento profesional o fatiga por compasión
El primer lugar donde debemos mirar es el posible desgaste acumulado. Trabajamos gestionando emociones intensas todos los días, y eso inevitablemente deja huella. Una herramienta clínica muy útil y sencilla para objetivar esto es la escala Professional Quality of Life (ProQOL), un breve cuestionario estandarizado que mide tres aspectos fundamentales: la satisfacción que obtienes del trabajo (satisfacción por compasión), el nivel de burnout y la fatiga por compasión (o estrés traumático secundario).
Si los resultados indican niveles altos de agotamiento, conviene actuar con decisión y sin culpa: es momento de reducir la carga, tomar un descanso real o buscar supervisión intensiva. Incluso si no llegas a niveles extremos, realizar esta evaluación te dará pistas valiosas sobre por dónde empezar a cuidarte antes de que sea tarde.
2. Revisa el equilibrio en las diferentes áreas de tu vida
A veces, la insatisfacción laboral es el síntoma de desequilibrios en otros ámbitos de la existencia. La herramienta de la «diana de valores» (Bull’s-Eye), utilizada frecuentemente en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), invita a reflexionar sobre cuatro dominios principales: relaciones, trabajo/profesión, salud/cuidado personal y ocio/crecimiento.
Te invito a marcar en cada sección qué tan cerca estás hoy de vivir según tus valores más profundos. Puede que descubras que el malestar laboral se alimenta de factores externos a la consulta: falta de descanso adecuado, relaciones personales que consumen tu energía o poco tiempo dedicado a ti misma. A menudo, ajustar y nutrir otras áreas alivia indirectamente la enorme presión que ponemos sobre el trabajo.
3. Explora cuándo y cómo empezó la insatisfacción
Tómate un momento de pausa para hacerte las mismas preguntas poderosas que le harías a una consultante: ¿Cuándo notaste por primera vez este malestar? ¿Fue un proceso gradual o apareció de golpe tras un evento específico? ¿Coincidió con algún cambio vital (más carga de casos complejos, problemas personales, modificaciones en el entorno laboral o institucional)?
Escribir las respuestas a mano o hablarlo sinceramente con una colega de confianza ayuda enormemente a conectar los puntos y a visibilizar patrones que quizá pasaban desapercibidos en el día a día.
4. Considera las causas frecuentes entre psicólogos
Existen razones sistémicas que se repiten con mucha frecuencia en nuestro gremio y que debemos nombrar: el exceso de trabajo combinado con una remuneración insuficiente, la sensación de ser poco valorada o incluso maltratada en el entorno institucional, o —en la práctica privada— la angustia por la dificultad para captar clientes suficientes (sumado al desgaste que implica la gestión administrativa y el marketing).
Reconocer si alguna de estas situaciones te afecta directamente no te hace «débil» ni menos profesional; simplemente pone nombre a realidades difíciles que muchas compartimos y que requieren soluciones estructurales o estratégicas, no solo emocionales.
5. Valida lo que sientes sin juzgarte
Es muy común que, al identificar una posible causa, aparezca inmediatamente una voz interna crítica: «Debería estar agradecida por tener trabajo», «otras personas lo tienen peor», «quizás soy demasiado sensible para esto». Esa autocrítica cierra puertas y bloquea la solución.
Necesitas permitirte sentir lo que sientes —tristeza, frustración, cansancio, apatía— sin invalidarlo. Esto abre el espacio necesario para entender y cambiar. La validación no significa resignación; significa aceptar la realidad tal cual es en este momento para poder actuar desde ahí con claridad.
6. Prueba cambios pequeños y sostenibles
Una vez identificados algunos factores clave, empieza con ajustes que sean manejables para ti hoy: reducir una o dos sesiones semanales, establecer límites más claros con tu horario de atención, o dedicar tiempo exclusivo e innegociable al autocuidado.
Date un período de prueba (unas semanas o un par de meses) y observa atentamente cómo te sientes. Los cambios pequeños son más fáciles de mantener en el tiempo y te dan información valiosa: quizás con un ajuste leve ya notas un gran alivio, o quizás descubres que necesitas ir un poco más lejos.
7. Escala según lo que necesites y busca apoyo
Si tras varios ajustes pequeños sigues sintiéndote igual, puede ser el momento de tomar decisiones más importantes: cambiar de entorno laboral, reducir drásticamente la jornada o explorar otra especialidad dentro de la psicología. Y sobre todo, no lo hagas sola.
Apóyate en colegas de confianza, en tu propia terapia personal (vital para nosotras), en grupos de intervisión o en lecturas que te reconforten. Compartir la carga hace que el camino se sienta mucho más llevadero. No hay una solución mágica ni un orden perfecto para estos pasos, pero lo esencial es tratarte con la misma empatía y compasión que ofreces a tus consultantes. Mereces sentirte bien haciendo lo que haces. Si hoy te sientes lejos de eso, recuerda que reconocerlo ya es el comienzo de volver a acercarte.