Sexualidad durante el embarazo: deseo, vínculo y bienestar emocional en una etapa de cambio

Artículo | Maternidad

La sexualidad durante el embarazo representa una dimensión de la experiencia humana que a menudo se expone en charlas entre amigas, pero a menudo resulta difícil de explorar con la pareja e incluso con profesionales. La gestación no suspende la vida sexual ni emocional de la mujer ni de la pareja, sino que la transforma. A lo largo de este proceso, el cuerpo, la mente y el vínculo atraviesan cambios profundos que influyen directamente en la forma en que se vive el deseo, el placer y la intimidad.

Desde las primeras semanas de gestación, el cuerpo femenino comienza una intensa adaptación hormonal. El aumento de progesterona y estrógenos puede generar cansancio, náuseas, hipersensibilidad emocional y una disminución del deseo sexual. En esta etapa inicial, muchas mujeres experimentan pensamientos ambivalentes: alegría e ilusión conviven con miedos, dudas y una nueva percepción del propio cuerpo. La sexualidad puede verse desplazada a un segundo plano, no como una pérdida, sino como una reorganización psíquica en la que la prioridad es adaptarse al cambio. En estos momentos la comprensión y dedicación de la pareja resulta primordial.

Con el avance del embarazo, especialmente durante el segundo trimestre, muchas mujeres describen una recuperación o incluso un aumento del deseo sexual. El cuerpo se siente más estable, la energía mejora y el mayor riego sanguíneo en la zona genital puede intensificar la respuesta sexual. A nivel psicológico, se observa con frecuencia una mayor conexión con el propio cuerpo y una vivencia distinta de la feminidad. La sexualidad en este momento suele vivirse de forma más consciente, menos centrada en la exigencia y más orientada al disfrute compartido. En este punto resulta del todo adecuado explorar las diferentes formas de dar y recibir placer, con todas las consecuencias que esto conlleva: mayores niveles de oxitocina (favoreciendo la unión en la pareja), la futura mamá se mantiene más activa ya que el sexo es una forma muy agradable de hacer deporte, la dopamina a su vez se dispara creando una sensación de bienestar absoluta para ambos.

En el último tramo del embarazo, el cansancio, el volumen corporal y la cercanía del parto vuelven a modificar la experiencia sexual. El deseo puede disminuir o transformarse, y la sexualidad adquiere otras formas donde el contacto, las caricias, la intimidad emocional y la complicidad cobran un papel central. En esta fase, la sexualidad deja de ser únicamente genital para convertirse en un espacio de presencia, cuidado y vínculo.

Las hormonas tienen un papel esencial en todo este proceso. Entre ellas, la oxitocina ocupa un lugar destacado. Conocida como la hormona del vínculo, se libera durante las relaciones sexuales, el orgasmo, el contacto físico y, posteriormente, durante el parto y la lactancia. Su función no se limita al placer, sino que favorece el apego, reduce el estrés y genera sensaciones de seguridad y conexión emocional. Durante el embarazo, la oxitocina convierte la sexualidad en un espacio de regulación emocional y fortalecimiento del vínculo de pareja.

La vivencia sexual durante el embarazo está profundamente influida por los pensamientos y creencias de la mujer. Miedos como dañar al bebé, sentirse menos atractiva o la idea de que la sexualidad deja de ser importante al convertirse en madre pueden interferir en el deseo. Desde la psicología, es fundamental trabajar estos pensamientos, validarlos y reformularlos. El embarazo no anula la identidad sexual de la mujer, sino que la amplía y la transforma. Integrar el rol de madre con el de mujer deseante es un proceso clave para la salud emocional.

Para la pareja, la sexualidad durante el embarazo sigue siendo un lenguaje de conexión. No se trata de mantener una frecuencia determinada, sino de adaptarse juntos a los cambios. La intimidad sexual, en cualquiera de sus formas, refuerza el sentimiento de equipo, reduce tensiones y favorece la comunicación emocional. Cuando la pareja puede hablar abiertamente sobre miedos, deseos y límites, la sexualidad se vuelve más flexible, segura y auténtica.

Para la mujer, en particular, la sexualidad durante el embarazo puede convertirse en un espacio de autoconocimiento y empoderamiento. Conectar con el placer en un cuerpo que cambia ayuda a construir una relación más amable consigo misma y a sostener la continuidad de su identidad personal. El contacto físico, el placer y la liberación de oxitocina contribuyen al bienestar psicológico, reducen la ansiedad y fortalecen tanto el vínculo de pareja como la conexión con el propio cuerpo.

Hablar de sexualidad durante el embarazo es hablar de salud mental, de vínculo y de cuidado emocional. Entenderla como un proceso dinámico y cambiante permite vivir esta etapa con mayor conciencia, respeto y plenitud, alejándose de los mitos y acercándose a una experiencia más humana y compartida.