Burnout en psicólogos: cómo cuidar de ti mientras cuidas de otros

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¡Hola a todos! Espero que estéis bien. Hoy quiero charlar sobre el síndrome de desgaste profesional (o como muchos lo llaman, el burnout), esa sensación persistente que no nos deja en paz a tantos de nosotros. Estoy en modo relajado, preparándome para las vacaciones, así que esta entrada va a ser más conversacional y sin tantos filtros. Quizás tú también estés intentando disfrutar del verano como puedas. El desgaste profesional es un tema del que ya he hablado antes, pero es necesario seguir trayéndolo a colación porque continúa siendo un problema estructural importante. No pretendo presentar una revisión exhaustiva de estudios académicos aquí; simplemente comparto lo que he observado en mí misma y en charlas sinceras con colegas psicólogos y psicólogas.

Por qué el desgaste no siempre se reduce a trabajar demasiado

Muchas veces, cuando hablamos de desgaste profesional en nuestro gremio, todo se intenta resumir en una ecuación sencilla: alguien trabaja demasiadas horas y necesita un descanso o cambiar de empleo. Claro que esas opciones pueden ayudar y hay que tenerlas en cuenta, pero la realidad clínica es mucho más compleja. Existen múltiples factores multifactoriales que influyen en ese agotamiento profundo. Lo he notado en mí y en otros: a veces no es la cantidad de horas, sino la calidad de la experiencia y cómo nos sentimos dentro de ese trabajo. Reflexionemos juntos: ¿hay algo en tu vida que esté sumando peso a esa carga alostática? Puede ser estrés personal que merma tu energía emocional, o cualquier otra variable. Lo importante es empezar con la autoobservación para entender dónde está el verdadero nudo del problema.

La falta de control sobre tu propio trabajo

Uno de los correlatos más fuertes del burnout es la falta de autonomía percibida. Por ejemplo, si trabajas para una organización y ellos deciden todo: a quién atiendes, cuántas consultas realizas al día o cuánto tiempo tienes para las notas clínicas y trámites. Incluso siendo autónomo, puedes sentirte atrapado por la presión económica o el sentido de responsabilidad hacia los pacientes. Detalles logísticos, como un trayecto largo al consultorio cuando sueñas con el teletrabajo, también suman. Me pregunto: ¿dónde tengo libertad de decisión y dónde me siento atrapado? A veces creemos que no hay control, pero existen formas de recuperar la agencia personal ("locus de control interno"). Intenta negociar condiciones: quizás acepten espaciar las citas. No se trata de una revolución total, sino de encontrar un equilibrio donde sientas que tienes el timón de tu día a día. Cuando recuperas aunque sea una pequeña parcela de autonomía, el desgaste tiende a retroceder.

La carga emocional y cómo manejarla

Otro aspecto clave no es el volumen horario, sino el coste emocional de esas horas. Ahora mismo tengo dos peques, de cuatro y seis años, y ellos requieren la mayor parte de mi disponibilidad afectiva. Los adoro, pero es una realidad: antes tenía unas reservas emocionales amplias para dar; ahora no son infinitas. Por eso atiendo pacientes solo a media jornada, y el resto del tiempo lo dedico a supervisión o consultoría. Si intentara tener la agenda llena, sufriría un agotamiento por empatía y la energía se acabaría en casa o en el trabajo. La capacidad de contención emocional cambia con las etapas vitales. Quizás tú tengas situaciones personales que te drenan, o ciertos perfiles de pacientes te cuesten más (por ejemplo, trabajar con trauma o parejas puede ser más exigente que otros casos). Piensa: ¿y si ajustas el tipo de intervención? Diversificar tareas —mezclar terapia individual, grupos, supervisión o docencia— puede equilibrar la carga. No siempre es reducir horas; es adaptar el trabajo a tu capacidad emocional actual.

El apoyo social como escudo contra el agotamiento

El apoyo social es un factor protector fundamental. No me refiero solo al ámbito profesional (grupos de intervisión o supervisión), sino a tu red general. ¿Tienes personas que validen tus necesidades diciéndote: "Haz lo que sea mejor para ti, yo te apoyo"? ¿Sientes que en tu entorno laboral se valora el bienestar del terapeuta por encima de la productividad pura? Nadie tiene una red de apoyo perfecta, pero necesitamos unos "mínimos" para saber que tenemos dónde sostenernos. El aislamiento profesional acelera el burnout. He visto casos donde el entorno familiar critica la profesión o exige más ingresos, lo cual añade un estrés enorme. Si notas señales de alerta, revisa tus vínculos. Apóyate en quienes te nutren y pon límites a quienes te restan. Si el apoyo escasea, búscalo activamente: comunidades online, amigos o terapia personal. Ese "espejo" externo es vital para reconocer el problema antes de colapsar.

Cómo influye nuestra cognición y narrativa

La narrativa interna —lo que nos contamos sobre lo que vivimos— puede ser un factor de protección o de riesgo. Imagina que en el trabajo esperan 30 consultas semanales, pero tu nivel óptimo de desempeño son 20. Si te dices "debería aguantar, los demás lo hacen, algo falla en ti", generas una disonancia y un conflicto interno que te castiga. Pero si aplicas la aceptación radical: "Mi cuerpo y mi mente me dicen que 20 es mi límite saludable", la perspectiva cambia. No es resignación, es validación de la realidad. Esto facilita la toma de decisiones: o asumes el cansancio temporalmente o cambias las condiciones. Pelear contra la propia experiencia emocional ("no debería sentirme así") consume una energía preciosa. Aceptar nuestra vulnerabilidad nos humaniza y nos permite resolver problemas en lugar de negarlos.

La autenticidad como clave para la resiliencia

Todos somos distintos, e ignorar nuestras diferencias individuales lleva al desgaste. Si nos convertimos en "máquinas" disociadas en el trabajo, sacrificándonos por los pacientes, nos acabaremos rompiendo. Permítete ser tú misma en la consulta. No escondas tu esencia bajo una máscara rígida de "psicólogo estándar". La alianza terapéutica se beneficia de tu autenticidad. Y fuera del trabajo: cultiva facetas que no tengan nada que ver con la psicología. Hobbies, paseos, lo que sea. Para mí, 10 minutos de conexión con la naturaleza son reparadores. Si la vida es solo obligación, el sistema colapsa; busca tiempo para el placer y la restauración.

El equilibrio entre trabajo y vida: ¿qué significa para ti?

Suena a cliché, pero la conciliación laboral y personal es vital y subjetiva. Para algunos son micro-pausas; para otros, la ubicación física del trabajo. A mí me ayuda disociar espacios: tener un consultorio aparte para que el hogar no se contamine de trabajo, aunque para otros el teletrabajo es la solución. Antes hacía trayectos eternos (cientos de kilómetros) y eso destruía mi equilibrio. Pregúntate: ¿qué me hace sentir en armonía homeostática? No hay fórmula universal, pero monitorizar este equilibrio previene la cronicidad del estrés.

Por qué hay que mirar más allá de lo obvio

Las recomendaciones habituales de "descansa" o "cambia de trabajo" son parches si no se aborda la raíz. Si cambias de contexto pero mantienes el esquema mental de "debería poder con todo", repetirás el patrón. Hay que tener una visión holística: emociones, apoyo social y autoaceptación. Esto es válido para psicólogos y cualquier profesión de ayuda. Espero que esta reflexión te ayude a priorizar tu autocuidado. Haces un trabajo valioso y mereces estar bien para poder seguir ayudando.