Cómo el cine distorsiona nuestra visión de los psicólogos y crea miedos infundados.

Artículo | Psicoterapia

En las películas y series actuales, las escenas de psicoterapia aparecen con mucha frecuencia, pero casi siempre están muy alejadas de cómo es la terapia en la vida real. A menudo, lo que vemos en pantalla son representaciones dramatizadas que priorizan el entretenimiento sobre la precisión clínica.

Clichés recurrentes que distorsionan la realidad

  • El terapeuta impenetrable: El profesional permanece en silencio durante largos ratos, solo asiente y mantiene una expresión facial completamente neutra y distante, proyectando la imagen de alguien frío y desapegado, casi inhumano.
  • Violación de los límites profesionales: Se generan rápidamente situaciones que difuminan las líneas éticas: un viaje compartido en coche, bromas demasiado amistosas o una cercanía emocional que surge en tiempo récord, algo que en la vida real llevaría meses construir o sería inapropiado.
  • Conflictos entre colegas: Dos profesionales discuten acaloradamente sobre cuál es el mejor enfoque para tratar a un cliente, mostrando conflictos profesionales intensos y apasionados delante de terceros, algo muy poco común en la práctica ética.
  • El predominio del diván: El cliente está acostado en el clásico diván psicoanalítico mientras el terapeuta, sentado detrás, toma notas incesantemente. Esta es una imagen fuertemente asociada al psicoanálisis de mediados del siglo XX, pero que el cine sigue usando como norma general.
  • La revelación instantánea («Breakthrough»): El terapeuta pasa rápidamente a un estilo amistoso, usa humor y en pocos minutos consigue que el cliente haga revelaciones profundas y dramáticas. Se vende la idea de que los problemas complejos se resuelven en una sola catarsis.
  • El mito del «amor duro» (tough love): El terapeuta da un consejo claro, contundente y categórico (por ejemplo, sobre reconciliarse o romper con la familia), acompañado de una confrontación emocional agresiva.
  • El interrogatorio: Especialmente en casos de violencia doméstica o traumas, las preguntas en la ficción suelen ser frías, directas y agresivas, percibiéndose casi como una investigación policial más que como un espacio de contención.
  • La caricatura de la libreta: En comedias, el terapeuta escribe sin parar en su cuaderno y el paciente hace chistes precisamente sobre esa manía, llevándola al absurdo para generar risa fácil.
  • Sesiones familiares explosivas: Estas escenas transcurren casi siempre con un estilo muy confrontacional, llenas de interrupciones, gritos y una dureza abierta, buscando el clímax dramático.

Estos recursos no se usan por casualidad. El cine y las series buscan el impacto dramático: explosiones emocionales, avances rápidos, violaciones de límites, conflictos intensos e imágenes visualmente potentes (el diván, la libreta, el terapeuta silencioso). Eso es lo que mantiene la atención del espectador, aunque sacrifique la verdad.

La psicoterapia real es muy diferente

La realidad de la consulta clínica dista mucho de la ficción. La mayoría de las sesiones son conversaciones tranquilas y progresivas. El objetivo principal de las primeras citas no es el drama, sino construir confianza y seguridad. Los cambios verdaderos suelen ocurrir de forma lenta, a través de pequeños pero constantes descubrimientos, no mediante epifanías repentinas.

Además, el diván prácticamente ha desaparecido de la mayoría de las corrientes actuales; la gran mayoría de las personas se sientan en sillas normales, cara a cara, estableciendo una conexión humana. Los terapeutas rara vez dan consejos directos u órdenes; con mucha más frecuencia ayudan al cliente a encontrar sus propias respuestas. Las confrontaciones duras existen, pero son excepcionales, muy controladas y solo se utilizan cuando están clínicamente justificadas y la relación terapéutica es sólida.

¿Por qué importa esta distinción?

Para muchas personas, las películas y series son la principal (o única) fuente de información sobre cómo funciona la salud mental antes de decidirse a acudir a consulta. Cuando solo ven escenas exageradas, dramáticas o directamente poco éticas, se generan dos tipos de problemas:

  1. Expectativas poco realistas: Creencias como «en una sola sesión me tienen que explicar todo y cambiar mi vida», lo que lleva a la frustración cuando el proceso real requiere tiempo y trabajo.
  2. Miedo y evitación: Ideas preconcebidas como «los terapeutas son fríos», «van a cruzar mis límites», «me darán órdenes» o «no me van a ayudar».

Estas ideas distorsionadas pueden aumentar significativamente la barrera para pedir ayuda profesional. Por suerte, en los últimos años están apareciendo más proyectos audiovisuales que intentan mostrar la terapia de manera más realista: más pausada, sin soluciones mágicas, con énfasis en el vínculo humano y en el respeto escrupuloso a los límites éticos. Es un cambio positivo y necesario.

Referencias

  • Gabbard, G. O., & Gabbard, K. (1999). Psychiatry and the cinema (2.ª ed.). American Psychiatric Publishing. Obra clásica que sistematiza cientos de estereotipos de psiquiatras y psicoterapeutas en el cine.
  • Stuart, H. (2006). Media portrayal of mental illness and its treatments: What effect does it have on people with mental illness? CNS Drugs, 20(2), 99-106.
  • Pirkis, J., Blood, R. W., Francis, C., & McCallum, K. (2006). On-screen portrayals of mental illness: Extent, nature, and impacts. Journal of Health Communication, 11(5), 523-541.

Estos estudios demuestran que las imágenes mediáticas sí influyen en la actitud de las personas hacia la salud mental y en su disposición a buscar ayuda profesional.

¿Y a ti? ¿Qué escenas de terapia en películas o series te han parecido las más realistas… o las más absurdamente alejadas de la realidad?