Cómo cultivar la calma en un mundo saturado de noticias negativas

Artículo | Autocuidado

«La noticia que escuchamos, en su mayor parte, no es noticia para nuestro genio. Es la repetición más rancia».

— Henry David Thoreau

En los últimos tiempos, muchas personas perciben un aumento de la desesperanza en su entorno, una sensación palpable tanto en las conversaciones cotidianas como en el flujo incesante de las redes sociales. La preocupación por el futuro —ya sea debido a las crecientes tensiones geopolíticas o a la incertidumbre que generan los rápidos avances tecnológicos— se ha vuelto notablemente más intensa. El ritmo de cambio actual parece acelerado, y los medios de comunicación nos inundan constantemente con titulares alarmantes, opiniones polarizadas y análisis que, con frecuencia, acentúan lo sombrío del panorama global.

Esta exposición continua no pasa desapercibida ni es inocua. Tiene la capacidad de moldear nuestras opiniones, llevándonos a veces a adoptar posiciones más extremas, influyendo en nuestras decisiones cotidianas o afectando profundamente nuestro estado de ánimo y salud mental. La pregunta que surge entonces es sencilla pero de una profundidad vital: ¿cómo reducir la ansiedad que generan estas noticias y recuperar un mayor disfrute de la vida?

La irrelevancia de gran parte de las noticias

Muchas de las informaciones que consumimos compulsivamente tienen, en realidad, escasa o nula repercusión directa en nuestra vida diaria. Un desastre natural en un país lejano, un conflicto político complejo en otra región o un incidente aislado en una ciudad distante rara vez modifican nuestras rutinas inmediatas o nuestra capacidad de acción. Aunque la empatía humana nos impulse legítimamente a interesarnos, conocer estos eventos al minuto no suele traducirse en acciones concretas que mejoren nuestra existencia ni la de los afectados.

Incluso cuando deseamos ayudar genuinamente —por ejemplo, mediante donaciones o voluntariado—, no necesitamos seguir el ciclo de 24 horas de los medios tradicionales. Las organizaciones humanitarias ofrecen información detallada, práctica y fiable en sus propios canales, siendo fuentes mucho más precisas y menos ruidosas que los resúmenes sensacionalistas de los telediarios.

El carácter repetitivo de lo que llamamos «noticia»

Henry David Thoreau ya observaba con agudeza que las noticias tienden a repetirse cíclicamente. Tras leer sobre unos pocos robos o incidentes violentos, ¿realmente aportan algo nuevo a nuestra comprensión del mundo los siguientes cien casos similares? Lo mismo ocurre con los grandes temas globales: choques retóricos entre líderes, protestas ciudadanas, amenazas de conflicto o catástrofes naturales. El patrón se repite sin cesar, cambiando solo los nombres y las fechas.

Esta repetición mecánica no amplía nuestro conocimiento profundo ni nos ofrece perspectivas novedosas. Más bien funciona como un ruido de fondo que distrae nuestra atención de lo verdaderamente significativo en nuestra vida inmediata y de aquello sobre lo que sí tenemos control.

La fiabilidad limitada de los medios

Es crucial recordar que los medios seleccionan solo una mínima fracción de los eventos mundiales, y esa selección no busca necesariamente ofrecer una visión objetiva y representativa de la realidad. Factores comerciales como la búsqueda de audiencia, la necesidad de entretenimiento y el sesgo cognitivo hacia lo negativo influyen decisivamente en lo que se publica.

Neil Postman señalaba que, desde la consolidación de la era de la televisión, el discurso público se ha orientado más hacia el espectáculo que hacia el análisis riguroso. Lo dramático, lo polarizante y lo alarmante generan más retención de atención, mientras que las noticias positivas, la cooperación humana o los avances graduales suelen quedar relegados al olvido. Arthur Schopenhauer lo resumía con precisión quirúrgica: el alarmismo es inherente al periodismo, pues su objetivo es captar interés a cualquier precio.

El resultado es una imagen distorsionada del mundo, donde lo excepcional y trágico parece la norma, y lo negativo domina por completo nuestra percepción de la realidad.

Aceptar la adversidad como parte inevitable de la vida

El mundo siempre ha albergado conflictos, injusticias, desigualdades y catástrofes naturales; es la naturaleza de la historia humana. Resistirnos emocionalmente a esta realidad solo aumenta nuestro sufrimiento. Los estoicos, como Séneca, nos recordaban constantemente que no controlamos los eventos externos, sino solo nuestra respuesta ante ellos.

Cuando depositamos nuestra paz interior en circunstancias globales que no dependen de nosotros, nos volvemos vulnerables a una ansiedad constante e inmanejable. La solución, respaldada tanto por tradiciones filosóficas milenarias como por la psicología moderna —desde el estoicismo hasta la terapia cognitivo-conductual—, radica en cambiar nuestra actitud interna.

Viktor Frankl, sobreviviente y psiquiatra, lo expresó con una claridad conmovedora: «Cuando ya no podemos cambiar una situación, se nos desafía a cambiarnos a nosotros mismos».

Medidas prácticas para preocuparse menos

  1. Reducir el consumo de noticias: Limitar drásticamente la exposición a los medios mejora notablemente el estado de ánimo. Evitar las secciones de comentarios, que suelen ser espacios de eco, odio y confrontación, también ayuda significativamente a la higiene mental. Si se desea mantenerse mínimamente informado, optar por resúmenes semanales neutrales escritos puede ser una alternativa sensata y menos invasiva.
  2. Practicar la aceptación radical: El concepto estoico de amor fati —amar el destino— invita a acoger lo que ocurre sin una resistencia interna previa. Séneca advertía: «Sufrimos más en la imaginación que en la realidad». Abrazar lo inevitable libera de la ansiedad anticipatoria y nos permite gestionar los hechos tal como son, no como tememos que sean.
  3. Recordar la impermanencia: Todo cambia, nada permanece estático. Crisis que en su momento parecían definitivas y apocalípticas hoy son apenas recuerdos lejanos en los libros de historia. Marco Aurelio reflexionaba sobre la transitoriedad de personas famosas, imperios y preocupaciones. Los problemas actuales, por graves que parezcan, también pasarán. Esta perspectiva histórica fomenta una confianza razonada en que los tiempos difíciles no son eternos.

Cultivar estas actitudes no elimina mágicamente los desafíos del mundo, pero sí reduce drásticamente su impacto emocional en nosotros. Nos permite vivir con mayor serenidad, centrándonos en lo que realmente está a nuestro alcance: cuidar nuestro entorno, nuestras acciones y nuestra respuesta interior.

Referencias

  • Dobelli, R. (2020). Stop Reading the News: A Manifesto for a Happier, Calmer and Wiser Life. Sceptre.
    El autor defiende evitar el consumo de noticias debido a su irrelevancia práctica, su naturaleza repetitiva y su efecto corrosivo en el bienestar emocional, proponiendo en su lugar una vida más enfocada y tranquila.
  • Postman, N. (1985). Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business. Viking.
    Un análisis fundamental sobre cómo los medios visuales convierten la información en entretenimiento, priorizando sistemáticamente lo sensacional y dramático sobre el análisis profundo, histórico y equilibrado.
  • Frankl, V. E. (2006). Man's Search for Meaning. Beacon Press (edición original de 1946).
    Obra clásica que destaca la importancia vital de cambiar nuestra actitud ante lo inevitable como la fuente última de libertad interior y sentido, incluso en las circunstancias más adversas imaginables.