¿Estamos realmente en los “campos masculinos”?

Blog | Relación hombre y mujer

En las redes sociales circula una tendencia que presenta a algunas mujeres celebrando comportamientos tradicionalmente asociados a ciertos estereotipos masculinos en el ámbito de las citas y las relaciones. Hablan de tener encuentros casuales sin compromiso emocional, ignorar mensajes después, asumir roles como pagar la cuenta o iniciar el contacto, y lo enmarcan como una conquista: “ahora estoy en el campo de los hombres”. Lo presentan con orgullo, a menudo con humor, como si hubieran accedido a un terreno privilegiado y lo estuvieran dominando mejor que ellos.

¿Qué significa realmente esta narrativa?

Esta forma de hablar implica que ciertos comportamientos —como la desconexión emocional tras la intimidad, la iniciativa financiera o la ausencia de gestos de cortesía— son exclusivamente masculinos y que, al adoptarlos, las mujeres ganan poder o superioridad. Sin embargo, esta idea parte de una simplificación: no todos los hombres actúan así, ni todas las mujeres desean lo contrario. Hay personas de ambos géneros que prefieren la conexión emocional, que disfrutan de los gestos de consideración mutua y que no ven las relaciones como un juego de poder.

Cuando se insiste en que estos patrones son “el campo de los hombres” y que las mujeres ahora lo ocupan mejor, se crea una distorsión. Se proyecta una imagen rígida de la masculinidad que muchos hombres no reconocen en sí mismos, y al mismo tiempo se justifican comportamientos que, en realidad, pueden ser simplemente desinterés o evasión.

El gaslighting detrás de la tendencia

Lo más preocupante es el efecto de manipulación psicológica que esta narrativa genera. Al repetir que las mujeres están “haciendo lo que los hombres siempre han hecho, pero mejor”, se invalida la experiencia real de muchas personas y se fomenta la duda sobre lo que es saludable en una relación. Se presenta el desinterés como empoderamiento, la evitación como estrategia ganadora y la ausencia de reciprocidad como prueba de superioridad.

En realidad, si alguien no está interesado, simplemente no lo está. No hace falta enmarcarlo como una victoria en un supuesto terreno masculino. Esta retórica puede hacer que las personas —especialmente las más jóvenes— cuestionen sus propios deseos y necesidades, creyendo que mostrar vulnerabilidad o buscar conexión es un signo de debilidad.

Proyección y cambio de poder

A menudo, cuando alguien celebra haber usado a otra persona y luego desaparecer, está proyectando su propia intención. Si una mujer planea un encuentro sin compromiso y después actúa como si el hombre fuera el único interesado en algo casual, intenta invertir los roles para sentirse en control. Pero el poder real no se recupera ignorando o menospreciando al otro; se pierde cuando se entrega la intimidad sin alineación de expectativas.

Esta dinámica no empodera: genera confusión, resentimiento y distancia entre géneros. Muchos hombres siguen valorando la cortesía, la empatía y la consideración, pero cuando ven esta narrativa repetida, pueden sentirse desalentados o cuestionados en su forma natural de relacionarse.

Un riesgo especial para las mujeres jóvenes

Las generaciones más jóvenes consumen grandes cantidades de contenido breve y repetitivo. Al ver una y otra vez mensajes que equiparan la desconexión emocional con fuerza y la vulnerabilidad con derrota, pueden internalizar estas ideas como verdad absoluta. La feminidad —entendida como la capacidad de ser receptiva, empática y abierta a la conexión genuina— es frágil y valiosa. Una vez que se adopta una postura rígida y defensiva, recuperarla requiere tiempo y esfuerzo.

La perspectiva vital no debería grabarse en mármol. Debe permanecer como un borrador: abierto a cambios, desafíos y matices. Las redes sociales, sin embargo, tienden a presentar ideas como definitivas e inamovibles, lo que dificulta el desarrollo de un criterio propio.

Hacia una visión más equilibrada

Hombres y mujeres no necesitan invadir “campos” ajenos para validarse. Las relaciones saludables se construyen con respeto mutuo, claridad de intenciones y aceptación de las diferencias individuales. Complicar innecesariamente las interacciones, justificar el desinterés como estrategia o celebrar la desconexión como triunfo solo genera división.

Lo verdaderamente valioso es cultivar una perspectiva propia, basada en la experiencia personal y en la empatía, no en tendencias virales creadas para generar atención y ganancias. Al hacerlo, preservamos la posibilidad de relaciones auténticas y respetuosas.