EL gris también es un color
En el caminar de la vida has conocido personas que compartieron contigo alegrías, decepciones y experiencias que te permitieron descubrir versiones de vos que quizás ni imaginabas.
Algunas personas te pidieron que esperaras su cambio. Te hicieron creer que reconstruirían lo que se había roto. Y vos, desde la esperanza, esperaste… una oportunidad más, un cambio que no llegó, un milagro que tardó demasiado.
Y así, casi sin darte cuenta, entraste en un círculo en el que tu vida, tus deseos, tus esperanzas y tus ilusiones dependía de que alguien más cambiara.
Hasta que un día esas personas se alejaron. Se fueron, quizá sin decir demasiado, porque aquel camino se había convertido en un desierto sin rumbo.
Y entonces llegaron los días grises. Días en los que la soledad toca tu puerta, entra abruptamente y se adueña de tus pensamientos de tu vida y experimentas la desolación, la tristeza y la soledad,
Este dolor abrumador en el que:
- Necesitás llorar.
- Necesitás detenerte.
- Necesitás reconocer que algo te dolió.
- Necesitás darte tiempo para volver a vos.
Cada persona vive su propio proceso para recuperarse. Está bien sentirse mal. Está bien no tener respuestas. Está bien atravesar días grises. Porque el gris también es un color.
Importante es no quedarte fijada en ese lugar. Poco a poco, cuando estés lista, volvé a vos.